Aunque normalmente usamos en la cocina actual, sobre todo para panes y repostería, la harina de trigo, no hay que olvidar que hay muchos tipos de cereales, con los que se preparan harinas tras su molido, como la avena o el centeno, muy usados para hacer lo que vulgarmente se llaman panes “integrales” o “morenos”. Hay que tener en cuenta que estas harinas tienen menos contenido en gluten, por lo que es mejor usarlas mezcladas en mayor o menor medida con la de trigo, si se quiere hacer pan. Igual ocurre con la harina de espelta, obtenida de un cereal poco conocido en la actualidad, aunque es quizás uno de los antiguos.

La espelta está emparentada con el trigo común, y parece que ya se cultivaba en las civilizaciones más primitivas, como se ha podido documentar en restos arqueológicos. Así, está demostrado que la espelta ya era un alimento básico del hombre hace más de 7 mil años.

La espelta (Triticum Spelta y Triticum Diccocum) es una subespecie del trigo. Se diferencia por su cáscara, muy difícil de eliminar, y que le confiere una gran resistencia a plagas y enfermedades, lo que lo hace un cultivo de cereal ideal para el cultivo ecológico, por su resistencia natural, sin necesidad de acudir a transgénicos ni a plaguicidas. Además contiene un mayor porcentaje de hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, minerales y fibra.

Afortunadamente, el cultivo de la espelta se ha ido recuperando en los últimos años, aunque después de haber sido uno de los cereales más consumidos su uso ha ido cayendo hasta casi la desaparición. De hecho, en la Edad media era el cereal de elección para elaborar el pan, junto con el centeno, menos valorado por aquellos tiempos.

Hoy día, y gracias a las nuevas corrientes de alimentación natural y productos ecológicos, el cultivo de la espelta se está recuperando, sobre todo en las zonas montañosas de centroeuropa, donde este resistente cereal se adapta sin problemas a las duras condiciones climáticas, no necesitando apenas cuidados, abonos químicos ni plaguicidas.

El alto porcentaje de fibra, hidratos de carbono, vitaminas y minerales de la espelta la hacen ideal para preparar panes integrales y pastas alimenticias, mucho más sanas que las elaboradas con harina de trigo (contiene más proteínas y más vitamina B1 y B2). Razones más que evidentes para empezar a usar esta harina de espelta en nuestras cocinas. Además, veremos cómo hacer un pan de espelta en casa, y podremos comprobar su delicioso aroma y sabor, que nos recuerda a los panes de antes. Como hemos dicho, es muy recomendable mezclar la harina de espelta con la harina de trigo para conseguir mejores resultados, ya que al tener menos gluten produce panes y masas excesivamente compactas.